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Vymura Glacé

Vymura Glacé

La botella de cristal para los que el té es algo más que una bebida.

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Precio habitual €24,95 EUR
Precio habitual €41,95 EUR Precio de oferta €24,95 EUR
Oferta Agotado

🍵 Filtro integrado: té e infusiones en un minuto.

💧 Sin condensación: mesa y manos siempre secas.

🚚 Envío Gratis.

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40% de descuento

Este descuento del 40% es de lanzamiento. Cuando alcancemos el stock mínimo para cubrir demanda estable, el precio vuelve a €41,95. Si estás leyendo esto, aún está activo. Es el momento.

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  • Derecho de Desistimiento: Los clientes en la Unión Europea y el Reino Unido disponen de 14 días naturales para devolver el producto si cambian de opinión. En este supuesto, el artículo debe ser enviado de vuelta a nuestras instalaciones.

Para envíos internacionales fuera de estas zonas o para consultar el procedimiento detallado, por favor revisa nuestra Política de Reembolso completa o escríbenos a info@vymura.com.

Información de Envío

El tiempo de procesamiento de tu pedido es de 1 a 3 días hábiles.

Recibirás tu paquete en la puerta de casa en un plazo de 8 a 12 días hábiles*.

Envíos garantizados a: España, Europa, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y México.

*(El tiempo estimado de envío a México es de 14 a 22 días hábiles).

Especificaciones

Material principal: Cristal de borosilicato de alta calidad (doble capa / doble pared).

Materiales secundarios: Acero inoxidable de grado alimenticio (filtro/colador), plástico libre de BPA y silicona selladora (en la rosca central), cordón de transporte sintético.

Capacidad real: * Capacidad útil de líquido: ~250 ml (Diseño optimizado con doble pared aislante que reduce el volumen interno para mantener mejor la temperatura).

  • Capacidad nominal externa: 450 ml.

Resistencia térmica: Soporta un rango de temperatura de 0 °C hasta 120 °C (apta para bebidas frías con hielo e infusiones hirviendo).

Aislamiento: Doble capa de vidrio que previene quemaduras al tacto en el exterior y ayuda a mantener la temperatura de la bebida por más tiempo.

Sistema de infusión: Filtro/separador metálico intermedio que permite controlar el tiempo de infusión separando las hojas de té del agua simplemente inclinando o girando la botella.

Portabilidad: Incluye una correa de mano integrada de alta resistencia para un transporte seguro y cómodo en el día a día o viajes.

Hermeticidad: Cierre a rosca con junta de silicona a prueba de fugas y derrames.

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Tienes un termo que funciona. Y lo tienes abandonado en el armario.

Porque es opaco, pesado y feo. No ves lo que queda dentro, el agua acaba sabiendo a metal, y no encaja para nada con la estética de tu escritorio, tu terraza o tu tumbona.

Pero cuando usas un vaso de cristal normal, el hielo desaparece en diez minutos y el charco de condensación te moja todo lo que tienes alrededor.

La Glacé existe exactamente para eso. Cristal de doble pared que bloquea el calor exterior como un termo, pero te deja ver cada capa de tu bebida desde fuera. El frío que necesitas. La estética que no quieres perder. Y el sabor puro que el metal nunca te va a dar.

Tu ritual del té, sin concesiones.

El filtro infusor integrado retiene las hojas mientras sirves. Sin coladores, sin ensuciar nada, sin perder el sabor por el camino.

La cámara de doble pared mantiene el calor el tiempo justo para disfrutarlo, y el cristal de borosilicato no transfiere ni olores ni sabores, por muchos tés distintos que le pongas.

Ponlo en tu escritorio, en tu mesa del jardín o en tu mesita de noche. Y olvídate de él, sabiendo que está haciendo su trabajo exactamente como debe.

Por qué esta no es "solo una tetera de cristal"

Diseñada para quien toma té en serio.

Vymura Glacé

Frío real. Cristal visible.

Termos opacos

Ves tu bebida por dentro
Filtro para té e infusiones
Sin sabor a metal ni plástico
Mantiene el frío durante horas
Cero condensación exterior
Encaja con tu estética
Lo dejarías en la mesa en una foto
Nunca

Lo que nuestros clientes piensan de nosotros

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Al principio dudé porque el cristal me parecía frágil para llevarla a la piscina, pero es sorprendentemente resistente. Lo mejor es que puedo echarle agua hirviendo para el té, añadir hielos encima y coger la botella sin quemarme. Ese salto de temperatura lo aguanta perfectamente. Parece delicada pero es de las cosas más prácticas que tengo.

Paula S.

Mi ritual de media tarde es salir al jardín con un té helado. Antes era una batalla: el hielo desaparecía rápido y odiaba usar termos opacos que arruinan el momento. La Glacé tiene la elegancia de un vaso de cristal premium y el frío de un termo. Es mi objeto favorito del verano, sin duda.

Marina C.

Beber agua sola me cuesta muchísimo, así que siempre la infusiono con frutas o té. El filtro metálico de la Glacé hace que prepararlo sea cuestión de un minuto, y ver los colores de la fruta flotando a través del cristal me motiva a seguir bebiendo sin darme cuenta. Es la primera vez que llego a mi objetivo de hidratación diaria sin esfuerzo.

Sofía T.

Soy de las que se pedía el matcha en cafetería solo por el vasito transparente y bonito. Desde que tengo la Glacé me lo hago en casa. Lo veo perfectamente desde fuera, el frío dura muchísimo más que en cualquier vaso normal, y encima me ahorro una pasta. Es más bonita que cualquier cosa que me hayan servido en una cafetería.

Maria V.

Tenía claro que quería cristal porque el agua en plástico o metal nunca me sabe igual. Pero el cristal normal no aguantaba el frío ni diez minutos. La doble pared de la Glacé cambia todo. Me preparo el agua con limón y frutos rojos por la mañana y sabe exactamente igual a las seis de la tarde. Puro, fresco, sin nada raro.

Carmen V.

Siempre preparaba el té con tetera y colador. Funcionaba pero era un lío: la tetera, el colador, la taza, todo manchado. Con la Glacé pongo las hojas en el filtro, agua caliente encima, y listo. Un solo objeto que limpiar. Y encima lo veo todo desde fuera mientras se hace. No vuelvo al sistema anterior.

Isabel M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.

Parece una tontería pero tener la Glacé en mi escritorio me cambia el humor. El agua está fría siempre, no deja charco cerca del teclado, y hace que mi espacio se vea limpio y cuidado. Para alguien que pasa ocho horas al día frente al ordenador, rodearte de objetos bonitos que además funcionan marca una diferencia real.

Irene D.

Llevaba dos años con un termo opaco que funcionaba de maravilla pero que cogía polvo porque me parecía horrible en mi escritorio. Buscaba algo bonito de cristal pero tenía miedo de perder el aislamiento. La Glacé tiene las dos cosas. El hielo me aguanta toda la tarde y en la mesa queda increíble. Por fin tengo algo que me da ganas de hidratarme.

Clara J.

Trabajo desde casa y en verano el calor me destroza la concentración. Quería tener siempre agua fría en el escritorio pero los vasos normales me dejaban la mesa hecha un desastre. Esta botella no suda, el agua se mantiene fría horas y, para qué negarlo, hace que mi espacio de trabajo se vea mucho más limpio y cuidado.

Marcos R.

Mi mayor frustración era que cualquier vaso de cristal frío terminaba empapando las páginas del libro o dejando un charco en la mesita. Y los termos me parecen demasiado toscos para llevarlos a la piscina. La Glacé lo soluciona todo: por fuera está completamente seca siempre, y se ve tan bien que ya me han preguntado tres veces de dónde la he sacado.

Laura M.

Llevaba tiempo buscando algo para llevar a la playa que no me empapara el bolso por la condensación. Las bolsas isotérmicas son una pesadez y los termos de metal no me gustan nada. Esta botella es la solución perfecta: por fuera completamente seca, por dentro el frío aguanta horas, y encima es preciosa.

Andrea P.

Tenía un termo que funcionaba perfectamente para el frío pero que era lo más feo del mundo y no lo usaba nunca. Compré la Glacé casi como capricho y ahora no entiendo cómo aguanté tanto tiempo sin ella. El hielo dura, no mancha nada y encima parece un objeto de diseño. Todo el mundo que viene a casa me pregunta dónde la compré.

Carlos M.